Features | Hablemos de Cosplay

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¿Disfrazarse? Ya no se dice así – o sea, anacrónico mil- la comunidad se ha encargado de darle un nuevo nombre: COSPLAY.

¿Qué viene a tu mente cuando digo COSPLAY?

Personalmente, me transporto a una convención y vislumbro varias hordas de versiones cabareteras de personajes de la cultura pop, pienso irremediablemente con cierta lascivia en la sexualización de esta disciplina: minifaldas y culos, escotes y chichotas; telas brillantes, baratas y de áspera calidad, cinta adhesiva, maizena a falta de maquillaje y pelucas del puesto de Chapultepec.

Le Corbusier Tribu Dogón sin fecha

El disfraz es una característica remota del ser humano -basta de mirar hacia cualquier civiliación en cualquier punto de la historia-: desde el aspecto exterior que se vale de accesorios y atavíos para exteriorizar el ser -o dios, espíritu, animal, tótem- o por otro lado, las máscaras que usamos para que no se vislumbre nuestro interior, ocultar  nuestro verdadero sentir, esa convencional y nada auténtica sonrisa que indica que todo está bajo control aunque nos esté cargando Bertha: “estoy bien, no me pasa nada, todo chido”.

Nos disfrazamos cotidianamente todo el tiempo casi sin darnos cuenta: el uniforme de la escuela, el leotardo de danza, el gi de karate, el traje Godínez con corbata y gafete como accesorios necesarios. Nos disfrazamos también en ocasiones especiales, de celebración: los vestidos de una sola puesta como los de comunión, XV años o boda; desde el iniciático manto de tu bautismo, pasando por el traje de Drácula o Diablo que te pones en Halloween; la toga, estola y birrete de graduación que te acreditan como un verdadero profesional. Todos estos elementos nos dan una investidura distinta a nuestra única y personal esencia y por un momento nos hacen convertirnos en otros. Al ritualizar los atavíos no solo obtenemos la apariencia del dios-héroe-bestia-o-demonio, sino que momentáneamente se nos conceden sus poderes, su personalidad, su actitud, sus movimientos.

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¿Quién iba a pensar que en el nuevo milenio -nuevo desde hace dieciséis años- disfrazarse iba a  ser una constante en actividades de competencia, de concurso, digna de congresos y convenciones y grandes encuentros de talla planetaria? ¿Quién iba a pensar que los cosplayer profesionales viajan por  todo el mundo y además ganan más dinero del que muchos haremos en nuestras miserables vidas? ¿Quién pudo ver venir que de repente una persona que se disfraza se convierte en una figura pública, líder de influencia y opinión? De haber sabido todo esto hace 20 años, jamás hubiese desechado mi baúl de los disfraces.

Las razones por las cuáles un entusiasta cualquiera se disfraza para irse a una convención son infinitas y personales. Desde rendir culto a nuestras series, películas, cómics, videojuegos  y personajes favoritos hasta provocar esa sensación placentera y casi exhibicionista de saber que todos te están mirando.

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Pasearse por los pasillos de una convención, mostrando ya sea las habilidades de diseño y confección implementadas en tan magnífica réplica del atuendo de Vader; ya sea tu extraordinario parecido físico con Kakashi o Jack Frost; ya sea luciendo unos esculturales y deliciosos abs o unas torneadas y suaves piernas; o dando pena por lo terrible de tu intento. Tomarse fotos es una obligación de los cosplayers, un atavío así no puede dejar de ser fotografiado y mucha gente no quiere perder la oportunidad de retratarse junto a su personaje favorito aunque no muchas veces sea la representación mejor lograda.

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Si nos centramos en un caso particular podemos mencionar a Akellyz, un cosplayer de Ciudad de México, principalmente reconocido por sus personajes Ganondorf y Skull Kid. Si bien desde niño disfrutaba ponerse los trajes rituales de celebraciones como el Halloween, no fue hasta unos años después que se dio cuenta de que podía tomar prácticamente cualquier cosa para completar un disfraz, solo era cuestión de cortarse, pintarse y colocarse en el lugar preciso. Su incursión a las grandes ligas del cosplay fue por recomendación de amigos que veían en sus disfraces un trabajo muy destacado, así nació Skull Kid, en vísperas de la primer presentación de The Legend Of Zelda Symphony of the Goddesses en 2013. Tiempo después su pasión por Zelda lo lleva a crear su increíble Ganondorf, y fue así, emperifollado como el príncipe de la oscuridad, que viajó a la ciudad de Nueva York a un evento internacional de cosplayers donde se colocó entre los ganadores y cosechó aplausos, admiración y vítores mil.

Akellyz logra dar vida a sus creaciones gracias no solamente a su trabajo de confección de los disfraces, sino que deja que la esencia del personaje se apodere por completo y permite que éste viva a través de su cuerpo y movimientos, aún así, siempre habrá una pequeña parte latente que recibe los aplausos y mira con complacencia la admiración que causa a cada paso que da, doquiera que se encuentre. Además de las dulces mieles que emanan de los lagrimales de los fans, Akellyz ha obtenido otro tipo de recompensas y satisfacciones: Nintendo, la gran N, se acercó personalmente a él, impresinados por su interpretación, de este modo se ha sumado a algunos proyectos en calidad de figura pública e imagen local de esta compañía. Debe ser genial que tu pasión te conecte con los que en un principio fueron responsables de crearte.

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Seguramente has visto un cosplay terrible alguna vez y hay sentimientos que se encuentran en esos momentos; no sabes si burlarte de los materiales y la cinta canela; no sabes si contener tu risa y callar en respetuoso reconocimiento al esfuerzo del cosplayer, o simplemente felicitar su ingeniosa y divertida solución. A veces los malos cosplay se vuelven épicos por sus características, aquí un ejemplo muy divertido: Anucha “Cha” Saengchart.

Es probable que el nombre no te suene, aunque estoy casi seguro que has visto al menos una obra de este sujeto. Anucha es popular por ser el creador detrás de Lowcost Cosplay, una página de Facebook donde se le puede ver a este chico interpretar varios personajes, valiéndose para ellos de los objetos más comunes y corrientes de las formas más creativas, así también veremos un reiterado uso de la perspectiva forzada. El resultado es un buen número de carcajadas, ya que las versiones finales de sus cosplay son capaces de arrancar la risa del más amargado, ya que el ingenio aplicado en cada una de las transformaciones es épico y a la vez funcional.

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¿Te gusta disfrazarte? ¿Cómo te vistes en ocasiones especiales? ¿Eres de los que fue disfrazado en las premiere de Lord of the Rings? ¿La caracterización de “L” de Death Note se puede contar como cosplay?

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